Avanza la política...Retrocede la ética...
Estamos
a menos de quince días para finalizar un proceso electoral de gran importancia
para todo el país, proceso en el que se elegirán gobernadores, diputados,
alcaldes y concejales, personajes que serán los directamente responsables del
progreso o retroceso que pueda tener nuestras comunidades, ya que son ellos
quienes conocen las necesidades de cada sector y quienes tienen el poder y los
recursos económicos para invertir y hacer cambios que mejoren las condiciones
personales, familiares y sociales de todos los colombianos.
En
estos últimos días se tensiona aún más cada una de las campañas que lideran los
diferentes candidatos y cada uno lucha por unir más miembros a su equipo, por
hacerlo más grande y más visible, por demostrarle a los candidatos de la
competencia que es más popular y que su partido tiene más acogida. Por un lado, la política une y, por el otro
lado, desune. Son cuatro meses de
reuniones, de encuentros, de asambleas, de compartir, de ir y venir, de hablar
con la gente, de estrechar la mano, dar abrazos y hacer sentir importante a
todas las personas, pero todas estas acciones se hacen en grupo y es ahí, donde
se observa la desunión, porque cada grupo comparte a su interior y externamente
se dedica a debilitar las ideas o acciones de los demás grupos.
Colombia
es grande, sus 32 departamentos que la conforman lo demuestran junto con sus
más de mil municipios. Son muchos los
candidatos, pero pocos los elegidos y así como el país es grande en extensión
territorial, también lo es en sus necesidades.
Por eso, necesitamos líderes capacitados, integrales, solidarios,
honestos, responsables, humanistas, con proyección y con decisión de entregar
una nación mil veces mejor de lo que la encontró.
Indudablemente,
la ética y la política, están estrechamente relacionadas e inciden entre sí
desde el principio hasta el fin, desde que se inicia cualquier proceso político
hasta que termina y, más aún, en las últimas décadas, donde los valores y
principios éticos se han hecho a un lado para dar paso al facilismo, a la
mentira, a la difamación, a lo prohibido e indebido y a todos aquellos
pensamientos y acciones que generan impacto negativo a nivel individual y
colectivo.
El tiempo
pasa y las elecciones se acercan, los ánimos se disparan, las emociones se
dispersan, las ansias de ganar se aumentan y la lucha se hace cada vez más
constante, con el fin de lograr el objetivo principal que se trazaron los
candidatos desde el comienzo de sus campañas electorales: tener el poder. ¿Hasta qué punto un candidato reflexiona
sobre la veracidad de sus palabras y de sus planes de gobierno? ¿Por qué son
tan apetecidos los cargos políticos? ¿Cuántos de esos candidatos aspiran a ser
elegidos para ganar el dinero fácil? ¿Cuántos candidatos llevan presente las 24
horas del día el bienestar común? ¿Cuál es el grado humanitario de cada uno de
los candidatos? ¿Por qué seguir
eligiendo candidatos de la misma corriente política y no ver otras opciones que
quizás sean mejor? ¿Cómo hacer que los
recursos económicos no sean alterados ni desviados de las verdaderas
necesidades de las personas?
Son
muchas las preguntas que surgen en medio de la política, las campañas, los
candidatos, las promesas, los planes, las elecciones y el tiempo de
gobierno. Son cuatro años y millones y
millones de pesos que deben girar en torno a la población y al medio ambiente. Muy seguramente, habrá cambios positivos y
reales cuando se comprenda que la política es una ciencia que se debe
desarrollar en medio de pilares éticos, siempre enfocada al bienestar de los
seres humanos y todas sus interrelaciones. (Anayibe Martínez)
Tu voto vale, mi voto vale
Estaremos habilitados para promover
ciertos modelos de desarrollo, priorizar contenidos en la agenda pública y
seleccionar los equipos responsables del cuidado y la administración de los
recursos públicos, aquellos que precisamente sirven para garantizar la efectiva
prestación de los servicios y el pleno ejercicio de los derechos. En 15 días,
el ciudadano de a pie, sin importar clase social, credo, si paga o no impuestos
o si le interesa la marcha de la política, podrá decidir sobre su propia suerte
y la de su entorno.
Sin embargo, muchos se abstienen de
participar porque consideran que las elecciones sirven tan sólo para garantizar
el empleo a quienes se candidatizan. Están convencidos de que da lo mismo votar
por unos o por otros y que la calidad de vida nada tiene que ver con las
decisiones que se toman desde los despachos oficiales. Para ellos, a veces más
del 50% de la población habilitada para votar, todos los políticos son iguales,
vale decir, igual de malos, y se comportan de la misma forma, privilegiando sus
ambiciones personales sobre el bien común. Los abstencionistas simplemente
prefieren no ser cómplices, idiotas útiles de las pretensiones de quienes no
tienen como misión servir a los demás.
Otro grupo, también bastante
significativo, comparte la visión relatada en el párrafo anterior. Sin embargo,
en vez de abstenerse, decide participar cobrando por su voto o exigiendo
prebendas para depositarlo. Desde su perspectiva, es necesario aprovecharse de
alguna forma en época electoral de los políticos, porque luego, durante los
cuatro años en el ejercicio del gobierno, el político se aprovechará sin
compasión de todos. Entre este grupo de votantes están quienes cambian su voto
por plata, por un puesto o por mercado. También están más de un millón y medio
de colombianos cuyas cédulas fueron anuladas en estas últimas semanas tras
haberse comprobado que se prestaron para alterar el censo electoral en
circunscripciones diferentes a aquellas en donde viven o trabajan y así interferir
ilegalmente en la definición de los candidatos ganadores.
En esta perversa espiral de la
politiquería tienen tanta responsabilidad los ciudadanos como los políticos. Si
la gente se tomara en serio las elecciones, evitaría que los bandidos que desacreditan
la política ejercieran cargos públicos y destruyeran el poder y el valor de las
herramientas de gobierno. Y si los políticos hicieran su trabajo defendiendo el
interés común, lograrían devolver a los ciudadanos la idea de que a través de
la participación en democracia es posible labrar un futuro diferente. (Nicolás Uribe Rueda). El Espectador.

